Jorge Chicati Copyright

miércoles, 18 de junio de 2014

Cochino perro mitotero



Miércoles 11 de junio del 2014
9:59 pm.

La luna y las luces de los autos las acompañan. Vienen por la pista, a paso lento, fueron a caminar a dejar que sus pensamientos y su sangre fluyan, están vivas! Verlas regresar a casa ahuyenta mis miedos, mis generes gachos.

Regrese cansado del intento de pesca; sin pescados, con la espalda y las piernas adoloridas por el peso de la mochila y la caminada.

Hoy fue uno de esos días en que las cosas fluyen lejos de mi control, pero quién soy yo?

Llegar con la cara caliente, comer las tortas que quedaron del lonche y dormir.

Los sueños no son agradables cuando se duerme lleno, cansado y se duerme en el día.

Cuando desperté ellas ya iban de salida a su caminada. Prepare mi agua y la ropa limpia. Necesitaba urgentemente levantar la energía, un baño sería lo ideal.
Pero…
Pinches peros, la mediocridad de una sociedad en decadencia  me escupiría la cara. Es evolución! diría un conocido y reconocido doctor en ciencias de la UABC.

Desde la ventana vi a un conocido y a dos más, arponeándose las venas, en pleno camino, a la orilla de la carretera. Quería escapar de esa escena, negarle a mis ojitos míos de mi el derecho a ver la realidad y seguirme ocultando en esta trinchera a la que llamo, “la cueva del ermitaño urbano”.

No podía, no pude. Estaban en el camino de ellas y mi mente me ponía imágenes gachas, mientras mi espíritu invisible tomaba una filosa navaja y los enfrentaba por agredirlas. Nunca paso, solo son las sobras invisibles de mi mentecita loca que me ataron a una escena que sucede todos los días, todas las horas en muchas venas que se envenenan con las sustancias que ya han nublado alguna y muchas veces antes, los pensamientos míos. Tal vez por eso quede así, todo paranoico, todo pendejo.

De alguna manera los justifique; se fugan, buscan sensaciones que tal vez no pueden tocar de manera natural. Hoy y después de muchos años de uso, siguen atrapados y “la cura” ya no alcanza para agarrar viaje, solo es eso: una cura momentánea que mitiga “la malilla”, los malestares gachos provocados por el síndrome del abstencionismo.

Por fin se fueron y me pude despegar de la ventana y de mis miedos.

Adentro del baño intente que con el agua sucia se fueran el cansancio, la energía negativa y toda esa pesadez que a veces la vida me hace sentir.

Aunque no hace frio, calenté una cubeta de agua, la medie de manera tal, que quedara más caliente de lo que normalmente uso.

Sentí como si esa agua y ese calor sustituyeran el abrazo que mi ser necesitaba, sentí como si dios estuviera conmigo, sentí la magia comenzar.
Se me humedecen los ojos al recordar.

Tengo un angelito que viene cuando mi energía anda baja, cuando quiero dar marcha atrás a lo avanzado, cuando dejo de valorar lo que hoy tengo.

La magia comenzó en el baño.

Vino solo, regreso.

Cada que término de bañarme balanceo la mitad de mi cuerpo con fuerza, hacia adelante y hacia atrás para que con ello se seque un poco mi pelo. En el ultimo balanceo quede con el rostro inclinado, mi largo pelo escurría pequeñas gotas de agua, podía verlas formándose en sus puntas. Imagine gotas de agua formándose en las nubes y luego cayendo igual como las que caían al piso del baño, entonces mi lluvia se lleno de luz y calor y lo sentí a él, rozando su pelambrera en mi pierna.

Perrito sin dueño! Amigo fiel, compañero de viaje, otra vez juntos, otra vez aquí.

No hubo preguntas, solo compañía, esa compañía que he agradecido desde hace muchos años.

Las cosas comenzaron a perder esa opacidad que trae la depresión, un brillo de vida ilumino nuevamente las imágenes que entran por mis ojitos míos de mi.

Salimos del baño y entramos a la recamara-taller. El conoce muchas o todas las herramientas, mesas y tablas, la forma en que organizo esta arrea de trabajo y descanso. Todo junto pero no revuelto. Fue olfateando cada cosa nueva, cada rincón, hasta encontrar su propio olor, hasta sentirse en casa.

Busque una camisa que ponerme y encontré una color amarillo, no la reconocí pero estaba entre las mías. Recordé que hace días Sonia me dijo que me había comprado unas camisetas. La revise y me gusto ese tono amarillo mostaza, incluso sonreí cuando vi el estampado de algún personaje que tiene una moja en la cabeza, no sé si sea el color, el estampado o que sea pero me gusto.

Tome el talco para los pies y fui a sentar al colchón, en el mismo lugar donde siempre me siento a secarme los pies. El se echo a mi lado. Mirándome, tal vez diciéndome con su mirada que a pesar de pregonar lo diferente de mi vida, esta es toda llena de rutinas y rituales.

De una orilla de la cama, tome mi pedazo de cartón que tanto peleo cuando no lo encuentro. Con el eche aire a mis pies y también al rostro de ese perro negro que pareció sonreír como si fuera algún amigo del pasado que ya no está aquí, de esos que me esperan del otro lado del rio cuyo barquero algunos creen que pide unas monedas por el servicio.

Imagine escuchar a Marley cantando en español, diciendo que todo va a estar bien, vamos levántate!

Deje la música encendida, como si temiera que la alegría se fuera. Me sentí estrenado a pesar de que la camisa es de segunda mano. Me sentí en día domingo y listo para salir a pasear.

Deje la puerta sin llave y salimos rumbo al puerto. Nadie lo ve pero va conmigo, vamos juntos caminando por la solitaria calle, mientras la gran luna nos pega con su luz por la espalda.

Te regalo la luna!

Es tuya, disfrútala, está llena. Es toda su blanca luz para tu vida, para tu ser.

Palabras que no escuche pero que estaban dentro de mí.
Como contraste unas nubes rojas lejanas parecen alejarse con este ciclo de sol que ya se oculto hace minutos.

Pasamos frente a la capilla que me recuerda que hay dios al cual agradecerle por todo: por lo bueno y por lo malo, por lo que me gusta y por lo que no me gusta, por el día y por la noche, por la vida y por la muerte, por los buenos juicios y por esta bella locura que aun me mantiene aquí creyendo en El.

Llegamos a la licor de Don pisto, tome una coca grande para doña Susy y unos cigarros para mí, no supe que comprarle a Sonia, no se me ocurrió nada.

Regresamos y nos quedamos un rato en ese espacio que divide los dos sentidos de la pista. Mirando para ambos lados. Ya está oscuro y ellas tres no regresan de su caminata.

Lo vi irse por la orilla de la carretera, lo vi alejarse en dirección a Primo Tapia, iba corriendo. Seguí caminando con dirección a la casa. Entre, instale este improvisado lugar donde las conexiones de energía y la luz me permiten crear este ambiente de calor. De vez en vez mis ojos se asoman a la ventana buscando llenar ese camino con sus imágenes de regreso.

En la tercera ocasión las vi iluminadas por la luz de una lámpara de la calle. Junto a ellas y correteando alegre un perro negro sin dueño. Las fue a encontrar, las fue a cuidar.

Ahora estoy aquí, escribiendo. Con la energía alta, con más ánimos a la vida, con ganas de volver ir mañana e intentar recibir algún regalo de dios en mis anzuelos.

También toy nojado, pero solo un poquito, ese cochino perro negro, sin dueño y mitotero ya no está aquí a mi lado, esta allá, bajo la mesa del comedor, juegando con la Jade, con la angelita que dios nos mando para cuidarla y apoyarla en la vida. Aun no nace, por eso ella si puede ver al perrito.

Toy nojado pero al mismo tiempo contento y sonrió, pues dios es amoroso y me dio una segunda oportunidad y una nueva familia para que aprenda lo que no he aprendido bien: a ser positivo y amar.

Solo por hoy aprendiendo a vivir. Con un perrito sin dueño que hoy está aquí y parece que no se irá pues ha venido a la fiesta de bienvenida de Jade.
Gracias jefito por tanta magia.

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